3 momentos para aplicar procesos ágiles en tu organización

Texto por Mónica Arriaga / Ilustración por Pájaro
Cuando emprendemos un proyecto tendemos a pensar que existen pasos concretos y predeterminados a seguir para obtener resultados a nuestro favor. La realidad es que no; muchas veces nos enfrentamos a una hoja en blanco donde las posibilidades son muchas, pero no tenemos ni idea por dónde empezar.

Una forma de iniciar es utilizar procesos ágiles, los cuales describimos en el artículo pasado. Si bien la incertidumbre nos abruma, es importante recordar que en raras ocasiones la primera versión de algo será perfecta. Los procesos ágiles —tales como scrum o sprints— son formas de empezar ese primer boceto. A partir de ahí nacen las ideas y estructuras que nos servirán de base para hacer ajustes y desarrollar mejores conceptos.

Aquí te contamos los 3 principales momentos en las que resulta útil integrar procesos ágiles en nuestros esquemas de trabajo:

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1. Cuando empezamos a estructurar las fases clave de un proyecto
Podemos pensar en la estructura como el mapa de las posibles direcciones que puede tomar el proyecto, este proceso descompone el problema en sus elementos más importantes.

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2. Cuando necesitamos establecer objetivos y actividades clave a corto plazo
Los objetivos son los hitos que indican el avance de trabajo y la “estrella norte” de los esfuerzos. Sin ellos, las actividades realizadas podrían no ser útiles. Recordemos que asignar roles al equipo nos da claridad sobre las responsabilidades de cada participante y su principal aporte al proyecto.

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3. Cuando queremos incluir muchas voces en la solución
Los sprints o sesiones de co-creación pueden integrar fácilmente la participación de muchos miembros del equipo, usuarios o beneficiarios por su naturaleza rápida y neutral. El rol del facilitador en este tipo de sesiones es muy importante para incluir todas las voces y moderar aquellas que son más dominantes.

En Cirklo, los procesos ágiles son parte de nuestro día a día. Cuando diseñamos el portafolio de productos, no teníamos una base clara de la cual partir, así que establecimos objetivos en un tiempo de 3 semanas y realizamos sprints de ideación con el equipo para desarrollar los casos. Las primeras versiones definitivamente no fueron perfectas, pero con la retroalimentación del equipo, fuimos realizando iteraciones incrementales hasta que alcanzamos un resultado con el que nos sentimos satisfechos.

Si tienes un proyecto en mente, pero no sabes por dónde empezar, organizar sprints de trabajo con tu equipo puede ser un buen primer paso antes de lanzar tu idea a una venta interna o al mercado.

Para conocer más
Si quieres conocer más sobre los sprints de trabajo, te recomendamos el libro “Sprint: How to Solve Big Problems and Test New Ideas in Just Five Days”, que describe métodos para entender y resolver un problema en una semana (de lunes a viernes), de forma muy amigable, con tips que van desde cómo elegir los snacks más adecuados para una sesión de ideación, hasta qué herramientas son las más viables para mapear y analizar hallazgos.